La situación actual
1.- SITUACIÓN ACTUAL
Desde el principio de su historia, la humanidad evoluciona trabajando para lograr un futuro mejor.
Sin embargo hoy, a pesar de los avances, los poderosos en su afán de conservar y acrecentar su poder, utilizan la fuerza económica y tecnológica para empobrecer, oprimir y matar en muchas regiones del mundo.
Con este proceder, se está poniendo en riesgo el futuro de las nuevas generaciones y el equilibrio general de la vida en el planeta.
Así, se hace evidente que vivimos en una época de crisis y ni las sociedades, ni los grupos humanos ni las personas escapan a la desorientación general.
Sea cual sea nuestra situación particular, sea cual sea el lugar donde hayamos nacido y el entorno que nos haya tocado, todas las personas sin excepción padecemos el embate de esta crisis en nuestra vida diaria.
A menudo vislumbramos el futuro general como una extensión de nuestro futuro particular, siendo que bien al contrario, el futuro de un individuo en particular (mas allá de sus pequeños “éxitos” y “fracasos”) está fuertemente determinado por la dirección de la sociedad en la que está incluido.
Entonces, si nosotros no influimos decididamente en nuestro entorno para producir cambios que nos acerquen a los mejores valores humanos, el entorno va a influenciarnos con sus antivalores.
Sin embargo, a veces, nos resulta difícil ver cómo el sistema en el que vivimos inmersos afecta nuestras vidas y nos empequeñece y debilita día a día.
En esta época crítica, el atropello a la dignidad humana muchas veces se nos presenta disfrazado con slogans publicitarios de moda, aparentemente beneficiosos.
Así por ejemplo:
A la violencia se la disfraza a veces de “seguridad policial” o de “efectos colaterales”.
A la injusticia se la justifica en ocasiones con expresiones como “...siempre hubo ricos y pobres”.
Al atropello en algunos casos, se lo publicita como “flexibilidad laboral” o “competencia”.
Y la discriminación se manifiesta cuando nos explican que un lugar o un país “se reserva el derecho de admisión” o que “no cumplimos con el perfil requerido para un determinado puesto laboral”.
En esta sociedad todavía prehistórica somos premiados o castigados, se nos aplaude o se nos degrada según nos acerquemos o no al “éxito económico”. Este “éxito económico” nos proporcionará, algún día, a nosotros o a nuestros hijos “la calidad de vida” que nos merecemos como obedientes y sufridos ciudadanos (¿?).
Por otro lado, en el campo de la conducta personal existen numerosas argumentaciones que justifican la inacción. Y nosotros, gente común, podemos encontrarnos en ocasiones, sin darnos cuenta, haciéndoles el juego a esas argumentaciones.
Por ejemplo:
Al individualismo se lo justifica con expresiones del tipo “no tengo tiempo...tengo muchas cosas que hacer y muchos problemas que resolver. Además, ¿a mi quién me ayuda?”.
La desconfianza hacia todos y hacia todo, se escuda en la “necesidad de protegerse ante las agresiones de los demás”.
El encierro y la incomunicación explicando que “soy un incomprendido”, o bien que “con la gente no se puede hablar” o sencillamente “estoy cómodo en mi casa, llamo por teléfono y me traen de comer, aprieto un botón y me conecto con el mundo a través de la televisión o la computadora”.
La indiferencia se argumenta expresando que “lo que les sucede a los demás no tiene nada que ver conmigo”.
Y la resignación aparece cuando alguien dice “no vale la pena intentar nada porque todo va a seguir igual”.
Tengamos en cuenta que el individualismo, la desconfianza, el encierro, la incomunicación, la indiferencia y la resignación facilitan el sometimiento por parte de la minoría opresora.
Es por esto que los poderosos, con su mala fe, promueven estas actitudes y conductas, y alientan la fuga (droga, alcohol, propaganda decadente), a fin de manipular o eliminar todo intento de rebelión.
Y con los medios de comunicación a su disposición, degradan y cubren de sospecha toda acción que vaya en contra de sus intereses o que cuestione el “orden o el desorden (¿?)” establecido.
Además, desde el punto de vista de nuestra propia vida, la rebelión es también una necesidad de supervivencia en esta sociedad deshumanizante.
Por esto, consideramos a la rebelión como un “antídoto” o una “vacuna” que impide a los antivalores ingresar o fortalecerse dentro nuestro.
Porque es claro, que si no hacemos nada coherente en otra dirección, la inacción nos puede llevar en 5 o 10 años a convertirnos en el mismo tipo de persona que hoy criticamos
Así, nunca antes el mundo estuvo tan comunicado y sin embargo las personas padecen cada día más una angustiosa incomunicación. Nunca los centros urbanos estuvieron tan poblados, y sin embargo la gente habla de “soledad”. Y nunca antes hubo tanto acceso a la información y a la vez tanta indiferencia, impotencia y resignación.


2 Comentarios:
Una verdadera catarsis...por lo demás necesaria. Decir que la situación actual es signo de los tiempos que vivimos, es acertado, pero es innacción al fin. Creo que la opinión construye, en eso estoy, opinando contra lo que pienso que no está cierto y en su lugar y fortaleciendo la opinión de aquellos que no están conformes.
Muy buen punto de vista, saludos, bitacoreta.org
2:43 p. m.
Hola pos!!!!
llegue a este blog de pura casualidad esta weno!! y arriba no mas!!
SHau TITI
El JorgeSSS
12:24 a. m.
Publicar un comentario
<< Home